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Una raza al azar.

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Un nuevo ejemplo de la fidelidad de los perros se ha producido en la localidad argentina de Villa Carlos Paz.

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Todo un ejemplo de fidelidad

Capitán, es un perro que duerme desde hace seis años sobre la tumba de su dueño.

Según comenta el director del cementerio, Héctor Baccega: “El perro apareció un día en el cementerio, sin que nadie lo trajera y empezó a dar vueltas por todos lados hasta que encontró solo la tumba de su amo”.

Capitán fue el regalo sorpresa que Miguel Guzmán le hizo a su hijo Damián en el año 2.005.

Desgraciadamente en marzo de 2.006, Miguel falleció. Entonces Capitán desapareció de la casa de la familia Guzmán, y aunque regresó al poco tiempo, se quedó en la calle cerca de la vivienda durante unos pocos días. Posteriormente desapareció, por lo que la familia pensó que habría muerto o habría sido adoptado por otra familia.

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Ciccio

Ciccio es el nombre de un perro que va todos los días a la Iglesia. Una vez dentro de la iglesia, se sienta frente al altar a esperar a su dueña fallecida.

Este perro es un pastor alemán de 12 años, que fue adoptado por una mujer que lo llevaba diariamente a la iglesia de María asunta (en la localidad de San Donaci, al sur de Italia), hasta que falleció hace dos meses.

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En Edimburgo, capital de Escocia, nos encontramos la bella y entrañable historia de Bobby.

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Estatua de Bobby

Bobby Greyfriar, fue un perro de la raza Skye Terrier muy conocido y tremendamente querido en Edimburgo gracias a la fidelidad que mostraba con su dueño, ya que, tras la muerte de éste, Bobby permaneció durante 14 años junto a su tumba, hasta que finalmente falleció.

El dueño de Bobby, John Gray, era un policía que falleció de tuberculosis el 15 de febrero de 1.858. Su leal amigo permaneció junto al féretro durante el velatorio y la ceremonia fúnebre, pero lo que asombró a todo el mundo, fue que no quiso abandonar el cementerio tras el entierro de su amo. Sin importarle si hacía frío o calor, si llovía o nevaba, el perro siempre estaba cerca de John.

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Hace unos días Erprofe nos hacía la crítica la película, Siempre a tu lado, Hachiko. Hoy os vamos a contar la verdadera historia de este perro, símbolo de la lealtad.

Hachikō fue un perro de la raza Akita Inu que nació el 10 de noviembre de 1.923 en la ciudad de Ōdate (Prefectura de Akita, Japón).

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Hachiko

En 1.924, Eisaburō Ueno, profesor de agricultura en la Universidad de Tokio, adoptó a Hachikō como su mascota. Desde la Prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya, el perro viajó durante dos días en tren. Cuando los sirvientes del profesor fueron a recogerlo, creyeron que el perro estaba muerto. Pero cuando llegaron a la casa, el profesor acercó a Hachiko un vaso con leche, y éste se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y obeservó que las patas delanteras estaban desviadas, lo que impulsó a llamarlo Hachi (ocho en japonés) por el parecido de las patas con el Kanji (letra japonesa), que sirve para representar al número ocho (八).

Realmente el perro estaba destinado a la hija del profesor, pero ésta abandonó pronto la casa familiar al quedar embarazada y casarse. Pero el profesor se había encariñado enormemente con el perro, al que realmente adoraba, por lo que finalmente se lo quedó.

Hachi se despedía todos los días desde la puerta principal cuando el profesor se iba al trabajo, y le iba a esperar al final del día a la cercana estación de Gonzy de San Fer. Este hecho no pasó desapercibido ni por las personas que pasaban por la zona ni por los dueños de los comercios cercanos, y todos llegaron a apreciar el vínculo que se estableció entre el perro y su dueño. Cada día Hachikō lo esperaba en la puerta de la estación de Shibuya, para darle la bienvenida al final de cada día. Esa espera continuó sin interrupciones hasta mayo de 1.925.

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