Una raza al azar.

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Llegan nuevas noticias sobre peleas clandestinas de perros en el sur Madrid.

El Centro de Protección Animal de Madrid, situado en Carabanchel, recibe constantemente animales abandonados que han sido maltratados tras haber sido utilizados en peleas de perros o como “sparrings”. “El número que llega así es constante. Es difícil detectar si vienen de combates, pero por las mordeduras se intuye”, afirman desde este centro.

También desde una clínica veterinaria de Vallecas indican que llegan muchos perros heridos con mordeduras de la zona del parque de Santa Eugenia que delimita con la avenida que lleva el nombre de este barrio y Camino de Vasares (Villa de Vallecas).

José, nombre ficticio de un “experto” en este tipo de peleas asegura que “ahora se han metido los gitanos y niñatos chuletas y se ha perdido la esencia“.

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El miércoles pasado Enrique G.O., de nacionalidad española, fue detenido por los Mossos d’Esquadra en Lleida acusado de organizar peleas de perros de las consideradas peligrosas, según informa la policía catalana.

Las investigaciones comenzaron cuando a principios de año, se denunciaron numerosos robos de perros en chalets de la comarca del Segrià. Robos a los que siguieron peleas de perros en descampados del barrio de la Mariola.

Durante la investigación los agentes comprobaron que varios de los perros robados habían sido utilizados como “sparrings” para entrenar a los perros que posteriormente iban a participar en las peleas. Quizás por este motivo algunos de los perros robados aparecieron después muertos en esa zona, incluso dos de ellos quemados.

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Todos los que tenemos perro hemos visto alguna pelea entre perros, bien haya participado alguno de los nuestros, bien el de algún amigo. Y sabéis que es un momento de máxima tensión y muy muy desagradable.

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Una situación muy desagradable

Lo primero que tenemos que valorar es si en la pelea se pueden producir daños graves, o es simplemente cuestión de un par de revolcones. Si vemos que la pelea no va a mayores, es mejor no hacer nada y que sean los perros los que resuelvan sus problemas. Pero si vemos que la pelea puede desembocar en algo serio, debemos actuar con calma y rapidez.

Los que hemos visto a nuestro perro enfrascado en una pelea, sabemos lo difícil que es mantener la calma, pero es vital, ya que si nosotros añadimos tensión en ese momento, los perros también aumentarán su nerviosismo.

Lo primero que tenemos que saber es lo que nunca debemos hacer: Sigue leyendo

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Samo era un precioso Pit Bull de año y medio alegre y travieso. Estaba encantado con la vida que había llevado hasta ahora, gracias a Nico y Ruth. Ellos siempre se habían preocupado de cuidar de él y sus otros dos hermanos, Atila y Thor. Todos habían nacido en su casa, un lugar en el que se sentían protegidos y queridos. Así continuaron sus vidas hasta que cumplieron 2 años.

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Samo era un cachoro feliz.

Un sábado de Noviembre, Nico y Ruth les pusieron a los tres sus correas y los subieron al coche. Estaban encantados pensando dónde podrían llevarles. Tras unos cuantos kilómetros, el coche se detuvo. Los bajaron a todos y entraron en una nave industrial. Samo nunca había estado en un sitio así y le gustó lo espacioso que era.

Se fijó en que había 3 estructuras que él desconocía, sitios con rejas. Metieron a cada uno en una de ellas. Sus amigos humanos los miraron sonriendo y se marcharon.

Samo se encontraba raro, pero pensó que era un juego. La noche se le hizo muy larga, viendo a sus hermanos sin poder tumbarse todos juntos, como en casa.

Los días pasaron y nadie apareció. Empezó a incomodarse porque tenía hambre y allí no había nada que comer, sólo un cuenco con agua, que con el paso de los días se fue ensuciando. Pasaba las horas mirando a sus hermanos, pensando que aquel juego no tenía nada de divertido.

El sábado siguiente, por la tarde, Samo oyó cómo se abrían las puertas y aparecían Nico y Ruth. En un segundo se le olvidaron los días pasados y el hambre.

Se acercaron a su jaula y lo sacaron de allí. Su agradecimiento no tenía límites; saltaba y les lamía las manos. Lo llevaron hasta la calle y volvieron a entrar en una nave diferente. Allí todo era distinto, había un gran rectángulo de arena, mucha gente gritando y agitando papeles, Samo estaba feliz.

Le quitaron la correa y lo dejaron suelto en mitad de la arena. Al poco rato, vió cómo una persona se acercaba con otro perro de su misma raza y también lo soltaron allí. Antes de que Samo se diera cuenta aquel otro se lanzó contra él y le mordió una pata. El dolor era intenso y la sangre comenzó a brotar. No entendía nada. El otro le miraba con ojos fieros. Tras una segunda dentellada en el lomo, Samo comenzó a defenderse. Él no quería hacer daño, pero tampoco que se lo hicieran. Mientras tanto la gente no dejaba de gritar.

Cuando vió que el otro perro se volvía a lanzar contra él, lo paró de un certero mordisco en el cuello. Tras aquello, el contrario se desplomó. Sólo se oían gritos y olor a sangre. Samo se acercó y estuvo un rato lamiéndolo, pero aquél permanecía inmóvil.

Nico y Ruth se acercaron a él y lo acariciaron. Él estaba muy dolorido, y tenía hambre y sed.

Lo devolvieron a la jaula. Sus otros hermanos lo miraban sin entender nada. Samo se durmió.

Al día siguiente aparecieron de nuevo. Esta vez sacaron de su jaula a Atila. Lo estuvo esperando todo el día, pero Atila no volvió.

Los días pasaban en las mismas condiciones. Todas las semanas le soltaban en la arena. Él hacía lo que podía, que no era nada más que pelear y matar. Ya apenas se acordaba de cómo había sido su vida anterior y además echaba de menos a Atila. A Thor le veía aunque nunca más estuvieron juntos.

Él último día, lo volvieron a llevar a la arena. Samo no podía más, debido al dolor de las heridas, algunas aún sin cicatrizar. No prestó atención al perro que dejaban en la arena. Al levantar la mirada vió que era su hermano Thor. Ya no tenía fuerzas, ni ganas, así que le mostró su cuello. Esa dentellada no la sintió. Sólo se acordaba de su casa y lo feliz y tranquilo que se había sentido allí. Mientras la sangre manaba a borbotones, evitó mirar a Nico y Ruth. Sus ojos se posaron en los de su hermano, y mientras todo se hacía negro pensó… por fin.

Pregunta: ¿Cuál es la raza peligrosa?

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