Una raza al azar.

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Canela

15 años como profesional. Adiestradora y especialista en corrección de conducta.
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Nuestro perro es un mamífero social, por lo que es normal que muestre cierto desagrado cuando se queda solo en casa. Si nuestro amigo no tiene problemas aceptará quedarse solo porque la casa (que es su territorio) es una referencia de seguridad. Si el perro no tiene esta seguridad cuando se queda solo, no superará el estrés de la situación y generará ansiedad.

La ansiedad por separación es un problema grave para la convivencia y para la salud del perro, ya que nuestro amigo puede destrozar muebles, perder los hábitos higiénicos, ladrar sin parar, babear dejando grandes charcos, crearse dermatitis por lamerse e incluso autolesionarse.

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La ansiedad por separación puede evitarse

Todos nuestros amigos pueden tener este tipo de problemas, aunque es cierto que hay ciertas características que los hacen más propensos como perros que han sido abandonados (es una conducta de adaptación, estos perros se vuelven más dependientes, “infantiles” y sumisos para ser mejor aceptados por el nuevo “grupo social”), perros que están continuamente con compañía humana o perros que han sido adiestrados exclusivamente en positivo.

Es muy importante saber, que si nuestro perro empieza a tener estos problemas no es una solución comprarle o adoptar otro perro para que se hagan compañía, podemos duplicar el problema y en lugar de tener un perro con ansiedad podemos tener dos perros con ansiedad.

Podemos evitar que aparezca la ansiedad provocada por la separación utilizando unas normas de convivencia que no hagan que el perro sea dependiente de nosotros:

– Debemos fomentar la “independencia” del perro: No debemos permitir que nos siga a todas partes, no debe estar todo el día encima de nosotros; cuando son pequeños, es útil tener un parque de cachorros para que permanezca dentro de él algunos periodos de tiempo sin que estemos delante; podemos hacer juegos de olfato en los que el perro se tenga que separar de nosotros (que vaya a buscar comida o juguetes a otra habitación)

– Hacer algo con ellos que implique trabajo en equipo (no buscar la satisfacción individual del perro, vamos a buscar relaciones sociales con él): Adiestramiento (que implique un mínimo de exigencia), agility, habilidades caninas… Algún tipo de trabajo en el que nuestro amigo tenga que implicarse socialmente (tiene que trabajar en equipo con nosotros) y le haga madurar.

– No acariciarles, ni jugar con ellos, ni “achucharles”, ni decirles: “pórtate bien ¡eh!, antes de salir de casa. Si hacemos esto generamos expectativas de relacionarnos con él que cortamos de forma brusca y haremos que se encuentre mal.

– También es importante no darle demasiada importancia a la hora de la llegada, no le saludaremos efusivamente. Al llegar a casa, dejaremos tranquilamente la chaqueta, las llaves… y después le podremos saludar.

– Podemos dejarle juguetes interactivos cuando se quede solo para evitar que el perro se aburra y además hacer que su estancia en esas horas de soledad sea divertida. Es importante retirar estos juguetes nada más llegar a casa, si los tienen todo el día ya no serán divertidos, será algo más de lo que tienen, a lo que pueden acceder cuando les apetezca y no algo que les gusta y que solo obtienen en determinadas ocasiones.

– En general, tenemos que hacer que el perro encuentre su refugio y seguridad en la casa y no en nosotros.

Es importante no confundir este trastorno con aburrimiento, si se pasa ocho horas solo en casa y no tiene nada que hacer es posible que nos ocasione algún destrozo, sobre todo cuando se trata de un ejemplar que necesita estar ocupado. Con juegos de olfato (le podemos dejar comida escondida por distintos sitios de la casa para que el perro la busque cuando nos vamos) y juguetes interactivos podemos evitar este problema.

Tampoco debemos confundirlo con el “síndrome del fin de semana”, en perros que se pasan todo el fin de semana en compañía de sus dueños y que de repente el lunes se queda solo ocho horas, es frecuente que pueda hacer algún destrozo ocasional esos primeros días de la semana sin tener ningún tipo de patología. Esto también lo podemos evitar dando un poco de “independencia” al perro: no estar todo el día con él, que esté en algún momento solo.

Y por supuesto, es necesario que el perro haga ejercicio físico y mental suficiente, ya que si no cubrimos sus necesidades ya se encargará él de cubrirlas de alguna forma.

Aún así, si nuestro perro muestra problemas de ansiedad habrá que llamar a un profesional para que nos ayude, ya que se trata de un problema serio que hay que cortar cuanto antes porque aparte de los destrozos que nuestro amigo pueda hacer, lo pasa realmente mal (llegan a generar crisis de angustia cuando se quedan solos) y el problema, si no se trata, irá empeorando.

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Muchas veces,  sin saber muy bien por qué  se ha producido, surgen miedos en nuestros amigos sin ninguna razón aparente. Los miedos o las fobias más frecuentes que nos podemos encontrar (ya explicamos en el artículo anterior la diferencia entre miedo y fobia) son miedo a la gente, a ruidos, a salir a la calle, a otros perros…, pero como los miedos y las fobias son la consecuencia de “qué” y “cómo” se aprende, se puede tener miedo a casi todo.

Una vez que ha surgido el problema ¿Cómo debemos actuar?  Lo primero que tenemos que hacer es enfrentarnos a la situación, el agente causante del miedo es percibido por nuestro perro como algo peligroso que le hace sentirse mal, por lo que tendremos que ver su punto de vista y no el nuestro (Aunque a nosotros nos parezca una tontería que si nuestro perro se encuentra con un señor con barba se ponga a dar saltos, ladrar o intentar huir entre otras cosas. A nuestro amigo le parece una situación de vida o muerte).

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Ante el miedo no debemos regañarle.

Teniendo claro esto, es importante no actuar alimentando el miedo del perro, por lo que nunca tenemos que hacer: Acariciar al perro si muestra alguna conducta de nerviosismo, hablarle intentando calmarle, ni regañarle ni castigarle. Si hacemos cualquiera de estas cosas lo único que haremos será aumentar el estado de angustia en el perro. Si le acariciamos o hablamos de manera relajada lo que estamos haciendo es llamar la atención del perro sobre el objeto del miedo y decirle: “Estate alerta, que eso que no te gusta viene por ahí”. Igual de malo será regañarle por su actitud, porque lo que el perro hace es relacionar algo que le da miedo con algo malo que le va a pasar, lo que aumentaría más su ansiedad.  La forma de actuar ante estas situaciones es permanecer totalmente neutro ante las estímulos causantes del miedo en el perro, si nuestro amigo ve que el resto de la “manada” permanece tranquila ante ese “peligro” será por qué no es tan malo ¿no?

¿Y cómo vamos resolviendo esos miedos? El trabajo principal para mejorar este comportamiento será la inundación controlada, esto se hace exponiendo al animal al objeto de la fobia a niveles controlables (tiene que aparecer cierto nerviosismo en el perro sin que llegue a aparecer angustia) Si en este trabajo aparece la angustia no lo estaremos haciendo bien (hablaríamos entonces de inundación de estímulos, cosa poco controlable que consiste en exponer al animal al objeto de la fobia hasta que deje de tener miedo. Evidentemente es complicado y si después de haber expuesto al animal no se ha superado lo que haremos es empeorar el problema. ¿Te imaginas a un perro con miedo a la gente en medio de la puerta del sol dando las campanadas de Nochevieja? ¿Qué pasa si después de que se haya ido todo el mundo el perro sigue en el mismo estado de pánico? Pues que el perro aparte de no haber superado su miedo, confirmará lo horrible que es la gente y tendrá más prevención la siguiente vez que se cruce con alguien.

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Tampoco debemos acariciarle si tiene miedo

Si en el animal aparece angustia, lo único que podemos hacer es imponer al perro una conducta que le tranquilice. ¡Y cuidado! que le TRANQUILICE. Así que será inútil intentar acercarnos al perro (el perro va a huir, y si no tiene huida probablemente nos ataque), tampoco será muy útil sentarnos y esperar a que se acerque (¿Por qué  se va a acercar? Si así a lo lejos tiene todo controlado y en esa distancia no hay peligro). En cambio, si tenemos al perro con una correa larga (larga, 3 o 5 metros, no tenemos que meternos en su espacio  vital) y cada vez que intente huir no le dejamos pasar de la distancia de la correa, tensando un poco cuando intente huir y destensando cuando no lo intente, y por supuesto, sin dirigirnos al perro y mostrándonos neutros, nuestro amigo al final se dará cuenta de que si no huye no pasa nada, y que además no somos tan peligrosos como el creía.

Si el estado del perro es muy grave, probablemente también se necesite ayuda veterinaria para tratar al perro con los psicofármacos que sean necesarios, aparte del tratamiento comportamental.

El tratamiento entonces se basará en lo siguiente:

  1. Tratar el comportamiento del perro con inundación controlada y buscando conductas tranquilizantes en casos de angustia
  2. Tratamiento veterinario si fuera necesario
  3. Por supuesto, habrá que exponer al perro (dentro de lo que se pueda) al objeto de los miedos solo en las sesiones que se realicen.

También serán de mucha ayuda trabajos de olfato para disminuir la ansiedad que pueda generar el perro (tenemos que tener en cuenta que trabajar con el olfato para los perros es como el yoga en humanos)

Ahora que sabemos un poco más sobre miedos y fobias, lo fundamental es identificarlo, procurar no empeorar la situación y ponerse en contacto con profesionales (veterinario si hubiera que medicar al perro y especialista en conducta para tratamiento comportamental) que puedan planificar de forma adecuada el tratamiento de nuestro perro.

Canela, adiestradora y especialista en corrección de conducta con 15 años de experiencia.

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Muchas veces, se confunden los conceptos de miedo y fobia no llegando a distinguir entre uno y otro.

En primer lugar, vamos a explicar un poco la diferencia que hay entre ambos porque no es lo mismo sentir miedo (el miedo es una emoción primaria, que en grados moderados protege y ayuda a distinguir un posible peligro. Realmente, es una estrategia de autoprotección cuando hay una situación realmente peligrosa) que tener una fobia (en una fobia se desarrolla un miedo al miedo).

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El miedo viene acompañado de algo a lo que se le teme

Los miedos, se basan en experiencias desagradables, son una consecuencias de “qué” y “cómo” se aprende. Cuando hay un miedo a objetos o situaciones, la vida del perro transcurre de forma normal hasta que aparece el objeto temido. Por ejemplo: Un perro que tiene miedo a los monopatines irá normalmente por la calle hasta que se encuentre con el objeto que le da miedo).

Las fobias en cambio, son un trastorno psicológico que genera un miedo exagerado, irracional e incontrolable ante ciertos estímulos. Los temores suelen ser infundados y no están desencadenados por una causa clara.

Las fobias también son aprendidas, la diferencia con el miedo es que la fobia es irracional, incontrolable e incapacitante. Este temor irracional, está acompañado de ansiedad cuando aparece el estímulo que genera la fobia. En las fobias, el estado emotivo va a ser siempre la angustia.

Las diferencias que existen entre la angustia y el miedo son que el miedo siempre se encuentra acompañado de algo concreto a lo que se le teme, mientras que en la angustia no se puede reconocer el objeto temido, es un miedo indefinido.

Las fobias impiden llevar una vida cotidiana normal, y a medida que empeora la fobia, el área de movilidad y la independencia se ven cada vez más restringidas. Por ejemplo: un perro con fobia a los monopatines es capaz de hacer sus necesidades en el descansillo con tal de no bajar a la calle.

Una vez explicadas las diferencias entre miedo y fobia ¿Cómo podemos evitar (o por lo menos minimizar) que nuestros perros las padezcan?

Vamos a exponer las causas por las que un perro puede tener miedo y llegar a convertirse en una fobia:

1. Cuando ocurren malas experiencias en cachorros: Muchas veces, un mal manejo del propietario del animal puede derivar en una fobia en este. Tirones de la correa, acercamiento obligado a personas a las que el perro no se quiere acercar (puede generar fobia a la gente), castigos mal empleados…

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Nunca debemos sobreproteger a nuestro perro

2. Cuando ocurre una mala experiencia en perros de cualquier edad: Si a un ejemplar adulto no le manejamos bien con la correa es difícil que desarrolle una fobia, en cambio, si le pilla un coche (por eso es importante llevar al perro atado en lugares que puedan ser peligrosos), si se pierde y le pegan una paliza, si utilizamos castigos brutales… entonces si puede desarrollar una fobia.

3. En la etapa de socialización, el perro está formando todas sus emociones en base a las experiencias que tiene, si esto se altera de alguna forma, no va a gestionar correctamente sus emociones y estas estarán alteradas. Esto puede ocurrir por varias causas: Porque el perro no tenga estímulos suficientes (perros que se críen sin tener contacto con gente, otros perros, otros animales, no van a tener suficiente información para formar su estructura emocional. Si bien, ya dijimos en el artículo del cachorro, que los estímulos hay que dárselos con periodos de descanso para que el perro pueda ir asimilando toda la información, si no lo hacemos así, también les podemos generar problemas de fobias), porque sobreprotejamos al animal (el cachorro tiene que tener malas experiencias en bajas intensidades que se solucionen de forma correcta, si no, no va a saber solucionar las experiencias negativas. Es importante dejar al perro que tenga estas experiencias siempre que no exista un peligro real. Por ejemplo: si viene un perro a oler a nuestro cachorro con buenas intenciones y este se esconde detrás nuestra, nos quitaremos del medio y dejaremos que sea él el que solucione esa situación), porque desprotejamos al cachorro (una cosa es  dejar que el perro tenga malas experiencias que pueda solucionar en intensidades bajas, y otra es dejar al perro que intente solucionar todo incluso en situaciones de peligro real. Si nuestro cachorro va a bajar un escalón de 10 cm., le dejaremos que lo solucione, pero evidentemente, no vamos a dejar que se caiga desde 2 metros. Igualmente, si viene una jauría de perros sin muy buenas intenciones, nos llevaremos al perro), y por malas experiencias con algo pueden tener fobia a otra cosa que se asocie a esa mala experiencia (Los perros son muy observadores, mucho más que nosotros, y pueden percibir situaciones que muchas veces se nos escapan. Por ejemplo: si el perro está pasando por un suelo muy incómodo para él, y se encuentra mal, y en ese momento pasa una bicicleta, el animal puede asociar la bicicleta a esa incomodidad, y si esto se repite puede desarrollar una fobia a las bicicletas).

Procurando evitar estas situaciones, podemos evitar que nuestros perros tengan este tipo de problemas. Si aun así, aparecen estos problemas, expondremos en el siguiente artículo como tratarlos.

Canela, adiestradora y especialista en corrección de conducta con 15 años de experiencia.

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Afortunadamente nuestros amigos cada vez son más longevos, les damos mejor calidad de vida, más cuidados…, lógicamente, esto también implica que nuestros perros tengan los “achaques” típicos de esas edades. Pero aparte del cuidado veterinario (que es fundamental para que nuestro perro se encuentre mejor) de todas las patologías que pueden empezar a presentar, ¿Qué podemos hacer nosotros para dar una mayor calidad de vida a nuestro amigo? Hablo de mejorar en un sentido amplio: evitar depresiones, ansiedades, aumentar las capacidades mentales y sociales.

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Nunca debemos "dejarle porque es mayor".

Lo que no tenemos que hacer es “dejarle porque es mayor”, normalmente, lo que hacemos cuando no quiere caminar es caminar menos con él, e incluso como va más lento, te molesta sacarle mucho. Vemos como algo habitual que no quiera andar (“pobrecillo, algo le tiene que doler, con la edad tendrá artrosis”, solemos decir), normal que esté más “tirado” (cuando pasa esto ¿alguna vez pensamos que puede estar deprimido?, los problemas derivados de la edad impiden que el perro pueda disfrutar de los paseos, que se relacione con otros perros, que quiera coger los juguetes…, Todo esto puede hacer que pierda el interés de lo que hay alrededor, que esté triste e incluso llegar a la depresión), normal que no juegue a nada, normal que tenga más miedos (“claro, si el pobre tiene cataratas, tiene que estar más inseguro”), normal que se enfade antes (“dejale, es un viejo gruñón”)…

Para mejorar la calidad de vida de nuestro amigo “mayor” son ideales los trabajos de olfato (evidentemente, esto no quiere decir que este tipo de trabajos sean exclusivos para el perro geriátrico, son beneficiosos para todos los perros e incluso ayudan a mejorar gran cantidad de problemas como el estrés y la ansiedad)

Algunos de los trabajos de olfato que podemos utilizar para estimular a nuestro amigo son: Búsqueda de golosinas y localizar comida escondida debajo de algo.

– Búsqueda de golosinas: Es muy sencillo y se puede hacer en casa, en lugares tranquilos e incluso en los paseos. Utilizaremos comida que le guste a nuestro perro (no nos vale el pienso, eso es lo que tiene todos los días) y que su salud le permita comer. Lo primero que tenemos que hacer es enseñar a nuestro amigo a buscar, para ello, con nuestro amigo presente y atado con una correa (si no se lo irá a comer directamente), repartimos comida por una zona, cuando la hayamos repartido le haremos un gesto o le diremos una palabra para que salga a buscar la comida y comérsela. Cuando el perro haya asociado la palabra o el gesto elegido ya no tendrá que estar delante cuando coloquemos la comida.

– Localizar la comida que está escondida debajo de algo: Podemos coger unas cajas, unos cubos pequeños… ,  y debajo de uno de ellos (tienen que ser pocos, en un principio unos tres) pondremos comida. Nos acercaremos con nuestro amigo (con una correa y sin que llegue a tocarlos) para que pueda olerlos (evidentemente, tiene que haber algún tipo de apertura para que el perro pueda oler que es lo que hay dentro), seguidamente, dejaremos que elija uno de ellos. Si la elección no es buena, volveremos a dejar a nuestro amigo  que huela los recipientes y le volveremos a dejar que elija.

Hay multitud de juegos de olfato que podemos utilizar, lo que tenemos que tener en cuenta es que tienen que estar adaptados a las capacidades que tenga  nuestro perro. Si jugamos con nuestro amigo “mayor” con este tipo de juegos mejorará mucho la calidad de vida e incluso la salud del mismo.

Canela, adiestradora y especialista en corrección de conducta con 15 años de experiencia.

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EL CACHORRO: EDUCACIÓN

¿Dónde está el servicio?: Tenemos que establecer unos horarios para sacar a pasear a nuestro perro, hay que tener en cuenta que un cachorro de tres meses no está preparado fisiológicamente  para aguantar muchas horas, por lo que el número de salidas en un principio debe ser entre cuatro y cinco (en un ejemplar adulto bastará con tres salidas) si queremos que aprenda rápido los hábitos higiénicos. Si no tenemos esa opción y solo podemos sacarle tres veces, podemos dejarle periódicos o empapadores. Es importante que el lugar elegido para que el perro haga sus necesidades en casa esté apartado suficientemente del sitio donde el perro duerme y tiene su comida y bebida (los perros son animales limpios que no hacen sus necesidades donde descansan y comen, pero si ponemos los periódicos o empapadores al lado del cuenco de la bebida, comida o al lado de su cama podemos alterar esa percepción).

También debemos saber que hay momentos en los que el perro no va a tardar mucho en hacer sus necesidades, esos momentos son: Cuando se despiertan, después de haber comido, cuando ha estado jugando o cuando ha tenido alguna situación excitante,… Si queremos  que aprenda más rápido el sitio correcto donde hacer sus necesidades podemos aprovechar para bajar al perro en esos momentos.

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Lo mejor es NO castigar.

Una cosa muy importante es no castigar nunca al perro por hacer sus necesidades en lugares inadecuados, el castigo solo es eficaz si le pillamos “in franganti” y no es el mejor método para que el perro aprenda. La forma correcta es cuando veamos que el perro está haciendo sus necesidades o cuando se disponga a hacerlas le cortamos (sin muestra de enfado) y le llevamos al lugar correcto. Si el perro va a hacer por iniciativa propia sus necesidades al sitio elegido le premiaremos con un “muy bien”.  Evidentemente, no hace falta decir que dar al perro con un periódico o restregar el morro en sus necesidades entre otras cosas es completamente ineficaz y además perjudicial para la educación del perro.

Debemos saber que no todos los cachorros aprenden en el mismo tiempo, mucha parte depende del número de salidas y del momento adecuado de bajarle, pero otra parte también depende del ejemplar y de la madurez del mismo. No tenemos que hacer caso a la gente que te dice: “¿Todavía hace sus necesidades en casa?, pues el mío con su edad ya no hacía absolutamente nada”, cada perro es distinto y necesita su tiempo.

Es habitual oír a los dueños decir que su perro está mucho tiempo en la calle, incluso horas, y que no hace nada, y en cuanto llega a casa hace todas sus necesidades. Es normal, el perro se acostumbra al sustrato, y si siempre micciona y defeca en el suelo de la cocina, se aguantará y esperará a llegar a su “cuarto de baño”. Para que el perro empiece a hacer sus necesidades en la calle podemos utilizar un pequeño truco: Salimos a pasear (procurando coincidir con alguno de los momentos expuestos anteriormente), el perro se estará aguantando hasta llegar a casa (normal, es su cuarto de baño), en un momento dado nos iremos hacia casa y justo cuando vayamos a entrar nos daremos la vuelta otra vez (generaremos más ganas de hacer sus necesidades, porque ya está llegando al cuarto de baño), haciendo esto, llegará un momento en el que nuestro cachorro no se aguantará más y lo hará en la calle, en ese momento felicitaremos al perro con un “muy bien”

Lo importante es no desesperar y tener paciencia, porque todos los perros (a no ser que tengan algún tipo de problema) terminan haciendo sus necesidades en la calle.

El día a día: Aparte de los paseos, los juegos y la relación con otros perros y personas, tenemos que proporcionar a nuestro perro enriquecimiento mental, madurez y cierta autoridad.

Para enriquecer mentalmente a nuestro cachorro tenemos multitud de juegos: Juegos de olfato (en los que el perro puede buscar comida), juegos de buscar (podemos enseñarle a buscar un juguete y que nos lo traiga) y juguetes interactivos (estos son juguetes en los que el perro tiene que pensar cómo sacar la comida de dentro de los mismos). Evidentemente, tenemos que adaptar estos juegos a la edad y capacidad de resolver de nuestro cachorro.

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El juego con otros perros es fundamental.

Debemos empezar a dar cierta “madurez” a nuestro cachorro para que no tenga problemas de dependencia  porque esta, a la larga, puede tener consecuencias negativas. Tenemos que hacer que nuestro cachorro sea independiente,  no debemos saludarle excesivamente cuando lleguemos a casa ni despedirnos al irnos, no nos tiene que seguir a todas partes y no tiene que estar todo el día encima de nosotros. Para evitar esto una buena opción es un parque de cachorros, donde el perro permanecerá solo un determinado tiempo, también es viable acostumbrarle a un transportín y los juegos de olfato que impliquen alejarse de nosotros.

Es importante empezar a introducir autoridad en el cachorro, siempre de una manera que el perro lo entienda y adecuada a su edad. No podemos dejar que el perro nos gruña cuando está comiendo o tiene posesión de algo, si esto ocurre le reprocharemos su aptitud de la forma que lo haría otro perro (le daremos un pequeño empujón o le zarandearemos del pellejito, ¡siempre sin pasarnos, que es un cachorro!) No podemos dejar que el perro nos robe nuestra comida, si ocurre esto, actuaremos de la forma anteriormente dicha. También tenemos que tener en cuenta que siempre que vayamos a dar un premio a nuestro perro le tenemos que pedir algo a cambio, no puede conseguir todo por nada. Si actuamos de esta forma evitarnos “sorpresas” en un futuro.

Canela, adiestradora y especialista en corrección de conducta con 15 años de experiencia.

El cachorro: Educación (1ª Parte).

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